¿Hasta cuando los comunicadores dejaremos de usar a la mujer como un objeto de segunda, una posesión masculina instaurada por derecho divino o como un simple pedazo de carne?
Lo peor es que cada día somos más indiferentes a estas manifestaciones publicitarias y al cabo del tiempo terminamos por acostumbrarnos y hasta le hayamos algo de gracia. ¿No será hora de parar?